Reseña: Louis, Marieke, and Lucile Maertens. 2021. Why International Organizations Hate Politics. Depoliticizing the World. New York: Routledge Taylor & Francis Group
Elena De Villa Covarrubias: estudiante de la Universidad Iberoamericana; mexicana. ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2994-9976. Correo: eleavilla@gmail.com
DOI: https://doi.org/10.69509/a76dw412
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Las Organizaciones Internacionales (OI) están a la vanguardia del arte de hacer política fingiendo no hacerlo. Con esta paradoja como punto de partida, las autoras Louis Marieke y Lucile Maertens nos invitan a comprender una parte del accionar fundamental de las Organizaciones Internacionales: las prácticas, procesos y lógicas de despolitización, así como sus efectos en materia de gobernanza global.
Se trata de un abordaje novedoso dentro de la disciplina de Relaciones Internacionales y, específicamente para el estudio de la OI. Para llevarlo a cabo, las autoras desarrollan un marco analítico que gira en torno al concepto de despolitización, definido como “los procesos a través de los cuales los objetos y objetivos se enmarcan como apolíticos, los temas se conducen fuera del ámbito político, el debate se convierte en tecnocrático y los actores minimizan, evitan u ocultan la dimensión política de sus acciones” (Marieke and Maertens, 2021, 6). Si bien reconocen la existencia de una amplia variedad de contextos históricos, geográficos y organizacionales, identifican un patrón generalizado de comportamiento, en torno al cual, es posible sostener que las OI “odian” y se apartan de la política.
En este libro, se busca explicar ¿cómo, por qué y con qué fin, las OI se posicionan fuera del ámbito de la política?, ¿qué consecuencias tienen estas formas de despolitización? , y ¿cómo todo ello altera o no la distribución de responsabilidades dentro del sistema multilateral?
El libro se divide en dos partes. En la primera se explican las prácticas – o el cómo- del proceso de despolitización: experiencia e interpretación técnica (capítulo 1), neutralidad (capítulo 2) y manejo del tiempo (capítulo 3). En la segunda parte del libro, se identifican diferentes razones – por qué y para qué- de una acción despolitizada: necesidad funcional (capítulo 4), legitimidad (capítulo 5) y fragmentación de responsabilidades (capítulo 6). El libro cierra con un capítulo de conclusiones (capítulo 7) donde destacan los límites de los procesos de despolitización. (Marieke and Maertens 2021).
Conocimiento especializado y soluciones técnicas, constituyen la primer práctica de despolitización. En el primer capítulo, las autoras revisan el vínculo entre la producción de conocimientos -sobre lo que las OI construyen su perfil de agente experto-, y la manera en la que confieren una posterior interpretación técnica a los problemas del mundo. (Marieke and Maertens 2021). Así, producir conocimiento técnico, especializado, va más allá de generar recursos y materiales cuantitativos objetivos como estándares, estadísticas o índices; si no que también, encuadra y reduce la complejidad política, económica, social y cultural del problema en cuestión. El abordaje técnico de los problemas, es entonces, una cuestión meramente factual.
En el segundo capítulo, se aborda el concepto de la neutralidad en las OI como una práctica de despolitización. La neutralidad es vista como una característica esencial de legitimidad en las OI. La neutralidad requiere “abstenerse a juzgar” y se refiere al carácter apolítico y no activo del rol de una persona. La neutralidad se explica por el hecho de que las OI se posicionan como facilitadoras, reuniendo a las partes interesadas para negociar estándares e implementar políticas sin tomar partido. Todo ello, sin embargo, puede tener efectos adversos como llevar a la inacción y/o la pasividad organizacional, razones por las que dichas instancias suelen ser muy criticadas (Marieke and Maertens, 57 2021).
En el último capítulo de la primera parte del libro, se enfocan al manejo del tiempo como práctica de despolitización. Las OI lo utilizan el tiempo a su favor el tiempo para retrasar, diluir y convertir en rutina el contenido político de sus acciones, o bien para desmovilizar a otros actores, retrasar las decisiones en temas complejos como las reformas en sus propios mecanismos de gobernanza e incluso, de manera eventual, para generar una suerte de amnesia organizacional de los debates más sensibles (Marieke and Maertens 2021). Este capítulo ofrece una mirada histórica que muestra los efectos del tiempo en la progresiva despolitización de procesos muy sensibles y complejos como la definición de acuerdos internacionales (Marieke and Maertens 2021). Concluyen que al estudiar el uso del tiempo, se facilita nuestra comprensión de la voluntad política y el liderazgo en el multilateralismo al observar la superposición de marcos y ritmos de tiempo simultáneos dentro de las OI.
En la segunda parte del libro, el cuarto capítulo aborda las tendencias pragmáticas y funcionales que a veces desempeñan las OI. Se argumenta, bajo el enfoque funcional de David Mitrany, que las OI desempeñan un papel importante en el fomento de la cooperación y las relaciones pacíficas cuando adoptan la forma de acuerdos técnicos funcionales. Esto es así, ya que dichos acuerdos funcionales, aumentan la interdependencia entre los Estados y las personas y posibilitan procesos de integración. (Marieke and Maertens, 116 2021).
Aunado a esto, es interesante observar como el propósito del cuarto capítulo no es restablecer el funcionalismo como una teoría relevante para la cooperación ni enfatizar sus limitaciones, más bien demuestran que las OI se basan en arreglos funcionales y justificaciones funcionalistas que pueden conducir a la despolitización. El funcionalismo y la despolitización se refuerzan mutuamente: la despolitización pretende lograr una cooperación funcional, mientras que la reivindicación de la funcionalidad legitima la despolitización.
Un enfoque funcional enfatiza los problemas que las OI deben resolver sin tener en cuenta las acciones políticas e ideologías. Las autoras argumentan que las prácticas de despolitización de las OI siguen una dinámica funcional-pragmática.
En el quinto capítulo, se argumenta que la despolitización es causa y consecuencia de la legitimidad que requieren las OI. La despolitización, aumenta la legitimidad de las OI, sin la cual, no podrían actuar y, a manera de ejemplo, se analizan los procesos de (i) reconocimiento, (ii) expansión de su mandato y (iii) posibilidad de monopolizar un área de acción y reducir competencia.
El capítulo sexto aborda la responsabilidad y la rendición de cuentas. Estos conceptos presionan para que las OI sean transparentes en sus actividades y respondan a su entorno interno y externo. Las autoras argumentan que esto se puede lograr haciendo disponible la información, estableciendo mecanismos de participación, especialmente hacia la sociedad civil, o procedimientos de evaluación independientes con el fin de evitar abuso de poder. La cuestión de la responsabilidad se puede asociar con la perspectiva teórica del agente-principal. En este capítulo se aborda la responsabilidad como un proceso de atribución de consecuencias a actores individuales o colectivos específicos y bien identificados que pueden rendir cuentas y, como resultado, ser elogiados o sancionados por sus decisiones o acciones. No se enfoca en la pregunta de: "¿quién es responsable?" o si las OI deben ser consideradas responsables sino antes bien, se cuestiona la elusión de la responsabilidad como impulsor de la despolitización y como consecuencia de las prácticas de despolitización. Al resistir la representación y la atribución de responsabilidades buscan en muchos escenarios la inmunidad política y moral, e intentan mantener el principio fundamental de neutralidad en el que se basa su legitimidad. Sin embargo, las autoras demuestran que tales posturas apolíticas pueden conducir, contrariamente a lo esperado, a resultados políticos cuando se trata de dinámicas de poder dentro del sistema internacional.
Finalmente, en la conclusión del libro las autoras traen a colación la crisis humanitaria actual por la pandemia del COVID-19, indicando la urgencia de ir más allá de las clasificaciones institucionales que pueden resultar políticas. En este último capítulo se concluye que la despolitización actúa a través de prácticas individuales y colectivas, pero se incorpora a lógicas institucionales y profesionales que trascienden motivos instrumentales. De igual forma, afirman que a pesar de que la despolitización existe y tiene consecuencias tangibles, no necesariamente significa que siempre sea exitosa, ya que esta puede estar sujeta a resistencia y contestación, e incluso, podría llegar a ser contraproducente. En suma, resurge la paradoja planteada desde un principio: las Organizaciones Internacionales tienden a minimizar la dimensión política de sus acciones, pero a su vez, reconocen su compromiso político y están intrínsecamente integradas en la política de las relaciones internacionales. El argumento de las autoras no es que las OI sean apolíticas, sino que su forma de trabajo e influencia pasan por la adopción de prácticas que parecen alejarlas de la política.
El texto “Why International Organizations hate politics” es de importancia mayúscula para la formación de cualquier persona que quiera aumentar su conocimiento sobre el funcionamiento de las Organizaciones Internacionales y sus efectos en el sistema internacional. En general, nos lleva a identificar el dualismo emergente en la agenda pública, manifiesto en “los buenos y los malos”: “los buenos son los técnicos, que se interesan por las cosas concretas, prácticas, que se especializan en la labor de una organización internacional y que abonan al manejo despolitizado de temas como el fenómeno migratorio, los derechos humanos o los temas de género. Los malos, son las personas que hacen política o diplomacia, que parecen tener un interés personal en el poder y el prestigio. Esta dualidad tiene un impacto significativo en la forma en que funcionan las OI y se percibe dentro del mundo de las OI, algunas, como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CS), usualmente son percibidas como más políticas porque tratan temas de seguridad mundial, mientras que otro grupo de organizaciones como la Organización Mundial del Trabajo (OIT) o la Organización Mundial de la Salud (OMS), no lo son, dada su naturaleza más técnica y especializada. De la misma forma, es sumamente importante destacar el hecho de que la politización no es mala en todos los contextos para las OI y que esta tendencia de no politizarse a veces ha sido utilizada como un argumento para mantenerse neutral en escenarios donde quizás no es lo más conveniente.
Referencias
Louis, M., & Maertens, L. (2021). Why International Organizations Hate Politics: Depoliticizing the World. Routledge.